
Este final de una cita de Tácito resume perfectamente la
historia reciente del Real Zaragoza. La
nefasta actuación del máximo accionista, Agapito Iglesias, y de todos los
que le han rodeado y siguen haciéndolo, ha
sumido en la ruina al club en todos sus órdenes, imponiendo a su vez, por
el cansancio general y la actitud premeditada de algunos, una sensación de
calma más que ilusoria reflejada en absurdas sentencias tales como "se
están haciendo las cosas bien", "se ha dado un paso atrás" o
"ahora no es el momento". Pero nada más lejos de la realidad. La
gente ha acogido la anestesia que se les ofrecía desde la directiva y sus afines,
quizá por desesperación o por negligencia pero en todo caso equivocados ya sea
de forma voluntaria o inconscientemente.
El agotamiento, el hastío, la
desilusión, la impotencia ante los gestos, actitudes, silencios y coberturas
que se han realizado desde el club y buena parte de su entorno, han llevado a
un desierto que, si bien lleva años gestándose, parece haber llegado a su máxima expresión. El desierto se ha
creado en todos los ámbitos: ilusión, economía, identidad, exigencia,
conciencia crítica e incluso en el de los malos resultados deportivos que no
son de ahora (recordemos que el equipo lleva el peor balance como local desde
su fundación). La labor insidiosa para revestir ese vacío como falsa
tranquilidad e incluso un mérito por parte de la directiva y sus afines,
intentando desviar la atención cuando creyeran necesario, se ha desarrollado
entre el cansancio de unos y la desidia de otros.
No existe, nunca lo ha hecho, la tan
cacareada "paz social" en la que tantos han querido escudarse, sino
un desierto de silencio y apatía. ¿Y a quién beneficia este silencio? Es
evidente que al equipo no y al club tampoco. Sólo a sus dirigentes y a quienes
se aprovechan de su existencia. En esta campaña se ha demostrado que el silencio no ayuda y la crítica no perjudica.
Basta comparar nuestra actividad el año pasado y este para constatar que la
situación deportiva es similar mientras que la protesta en el estadio ha sido
mínima, casi nula.
Asumimos que esta temporada nuestra presencia ha sido menor aunque hemos
seguido defendiendo nuestra postura y lo que creemos más justo para el Real
Zaragoza en diversos ámbitos, incluyendo la Junta General de Accionistas en la
que en nombre propio, en el de aquellos que nos cedieron sus acciones y en el
de quienes comparten nuestras ideas, expusimos todas estas discrepancias
enérgica pero detalladamente.
Si algo nos ha demostrado esta última temporada como afición es que se acabaron las excusas. Ha quedado
patente que la crítica hacia la gestión y la animación al equipo no están
reñidas. En la mano de cada aficionado,
y muy especialmente en la de los grupos organizados, está el actuar de forma
contundente y responsable para con el futuro de nuestro club. Dicha
responsabilidad no pasa por seguir acomodados en el silencio. Los tristes
hechos señalan que ni la gestión ni los resultados deportivos se benefician de
ello. El vacío existente hace que la gente sólo piense en arrimar el hombro
cuando la situación deportiva parece desesperada, perdiendo de vista que la situación deportiva e institucional,
pues van de la mano, nunca ha dejado de
ser desesperada. Esa es la lucha permanente que nunca se debe dejar de
lado. De lo contrario, seguiremos en este bucle infinito y ridículo que
demasiados han permitido y fomentado año tras año.
Por el desierto creado se ha tendido a olvidar que todos los esfuerzos deben ir
en la misma dirección, atacar la raíz del problema: Agapito Iglesias y quienes
le rodean, tanto dentro como fuera del club, ya sea de forma activa o pasiva. Es Agapito Iglesias el principal
responsable de habernos llevado a esta situación, y las instituciones políticas
y económicas de la sociedad aragonesa deben ser conscientes del grave peligro
que corre la entidad mientras siga al frente de la misma y actuar en
consecuencia para dar un futuro a este importantísimo activo identitario y
económico de la región. La
solución al problema del Real Zaragoza solo puede pasar por una acción
coordinada y decidida en la que se den los pasos necesarios para remover de la
propiedad de la SAD del actual máximo accionista, para lo cual es necesaria la
participación de todos. Ellos tienen los medios y fuerza para
lograr una solución amparados por la voluntad que debe emanar del Zaragocismo y
hacerla manifiesta.
La afición y el resto del entorno deben
aprender que bajar la guardia nunca conlleva efectos positivos, sino lo
contrario: la bajada en la intensidad de la protesta no ha hecho que el
equipo mejore deportivamente, ni que la gestión haya sido más eficiente. Es
necesaria la lucha unida, decidida y sin paños calientes. La defensa de nuestro club entre todos ha de llevar el rugido a la
grada y a la calle independientemente del puesto que ocupe nuestro equipo en la
tabla o la categoría en que se encuentre. Que nadie vuelva a caer en el error de disociar crítica y animación
o por enésima vez la voz zaragocista quedará en una ráfaga agarrada a consignas
que jamás fueron creadas para un club como el nuestro y un rumor que se
dispersa cuando la situación deportiva termina.
Es hora de responder
en bloque y sin cuartel al expolio sufrido, al asesinato de ilusiones y al robo
de identidad, pues como la cita completa de Tácito dice: “a la rapiña,
el asesinato y el robo los llaman por mal nombre gobernar y donde crean un
desierto, lo llaman paz”.
Es hora de salir del desierto. Hemos clamado mucho tiempo. Que nadie se quede
atrás.
¡Aúpa Real Zaragoza siempre!